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La Selección española se impone con claridad a Italia y allana su clasificación a la fase final de Rusia 2018

Gianni, “Il bello Rivera”, uno de los grandes referentes del fútbol italiano de siempre, mejor jugador de Europa en 1969, “campionissimo” con el A.C. Milán en mil y una ocasiones, Gianni, el del pelo negro como el azabache, mortal jugador por bajo, ahora con el cabello plateado, no tenía a pocas horas de comenzar el España-Italia demasiada fe en la victoria de la “squadra azurra”. O si la tenía la disimulaba en el almuerzo oficial. “ Lo grave del partido contra España no es que nos enfrentemos a un formidable adversario, sino que, además, hemos de intentar ganar”. Hay en esta vida obligaciones que pueden convertirse en obstáculos insalvables. Pero Italia es fiera. En realidad, nunca ha dejado de serlo. Aunque esta noche haya sucumbido claramente ante el fútbol de España, a ratos arrollador.
Los datos estadísticos, que son irrefutables, arrojan un tremendo equilibrio en el balance de los duelos España-Italia, iniciados allá por los años 20. Realmente, no parece que haya que recurrir a ellos para recordar todo lo que han sido. Frente a Italia sufrimos derrotas durísimas en los Mundiales del 34 y del 94, pero, precisamente, frente a ellos lucimos la mejor figura en las Eurocopas 2008 y 2012. El empate (1-1) del último de los cruces en Turín, valedero para la clasificación del Mundial 2018 y origen de las preocupaciones de Rivera, obligaba  efectivamente a la “azzurra” a desprenderse de algunos de sus viejos hábitos, defensa muy cuidadosa, riesgos mínimos, pero también a atacar para cumplir su único y gran objetivo en Madrid. Así que no era sorprendente que hicieran lo que hicieron: una defensa en línea de cuatro hasta los tres cuartos de medio campo propio, cuatro en el centro del campo (Darmian, Barzagli, Bonucci, Candreva, en la zaga; Verrati, De Rossi, Spinazzola, Insigne, en el medio) y dos puntas muy explosivos: Belotti e Inmobile.
“Nada pudo evitar que el derechazo de Isco penetrara en el portal de Gianluigi”

A los 12 minutos, las esperanzas de “Il bello Gianni” sufrieron un serio quebranto. El partido estaba en un toma y daca, más afilados, si cabe, los italianos, buscándolas todas, forzados, insisto, por la necesidad del triunfo. España andaba falta de serenidad en el toque, sin acabar de hilar una larga jugada, más agudo Iniesta que nadie. Sin un ariete de referencia (Morata, Villa, Aspas), con Silva en esa posición y Asensio, a su izquierda, solo había llegado hasta las cercanías de Buffon en una falta al borde del área, que se le fue muy alta a Ramos. No entendieron bien los defensas “azzurros” que insistir en ellas podría resultarles fatal ante la gran cantidad de buenos lanzadores hispanos. Ajenos a ese tipo de reflexiones, cometieron otra a los 13’ que esta vez les causó un roto mayúsculo. Ni la numerosa barrera italiana, ni Buffon, que se estiró algo tarde, muy vencido hacia el palo contrario al que debía ir el balón, pudieron evitar que el derechazo de Isco penetrara en el portal de Gianluigi. Si ganar ya parecía ser un test mayúsculo para Italia conseguir dos goles se antojaba como escalar el Cervino. Cuando a los 22’, Belotti cabeceó impecablemente un centro llegado desde la derecha a menos de tres metros de De Gea solo la mágica intervención del guardameta podía evitar la igualada. David fue Goliath.
“Los italianos imprimieron un ritmo nervioso al juego”

El gol y la tremenda adversidad que llevaba acarreada, sin embargo, no achicó a la “squadra azzurra”. Es un defecto en ellos del que no se tiene noticia alguna. Los italianos imprimieron un ritmo nervioso al juego que incomodó a los mediocampistas españoles, perturbado siempre su fútbol por la presencia cercana de algún adversario. Ni un segundo sin el aliento de alguno en la nuca. Italia no permitió que ningún jugador español actuara sin asumir riesgos ni dio ni dos segundos de margen para manejar un balón o pensar qué hacer con él. Ni siquiera  en la primera línea de contención. La selección tuvo que encarar así un duelo sumamente incómodo y, aunque no era previsible que fuera de otra manera, desasosegada siempre porque enfrente se encontraba un enemigo curtido, más ambicioso que en otras ocasiones ante su estado de precariedad, menos técnico, eso sí, que otras veces, pero muy entero a pesar de sus urgencias. A los 36’, una colada y derechazo cruzado de Carvajal pudo liquidar a Italia, pero, ahora, Buffon estuvo más listo y ágil que en el gol. Rozó lo suficiente el balón como para mandarlo a córner.
“Cosas de pícaros”

La imprevisibilidad del fútbol, lógico casi siempre, pero con salvedades, se produjo en el arreón final de la primera mitad. A los 38’, cuando iba a iniciar un contraataque, Jordi Alba mandó el balón fuera a la altura del medio campo. Son las cosas que hacen los jugadores cuando están lesionados. Después de un minuto de parón, Italia devolvió el balón a España, que inició un largo ataque por la derecha, donde hacía rato que andaba Asensio, más activo y en juego ahí que en su zona natural, la izquierda. La larga jugada, insisto, sin aparente peligro, progresó con Asensio, que cedió a Isco. Isco hizo un par de preciosos garabatos con el balón fuera del área para escapar de tres defensas y buscar un hueco por el que disparar. Cosas de pícaros. Él que es un gran zurdo lo encontró, ajustando el balón junto al poste izquierdo de Buffon. La verdad es que podía esperarse cualquier cosa menos que fuera por allí. Supongo que la sorpresa también lo fue para el guardameta “azzurro”, que no llegó. Dos-cero.

“De Gea no estaba para que nadie dijera que no era su noche”

Italia no movió pieza hasta bien entrada la segunda mitad. Ante los lamentos de colegas, “senza portiere” (“sin portero”,  se quejaban de Buffon), la “azurra” siguió moviéndose al mismo compás de los primeros 45’, pero, inevitablemente, ya con menos gasolina. Ventura, su seleccionador, explotó a los “once” de salida con la esperanza de un tanto que aliviara la grave situación que atravesaban, redujera las diferencias en el marcador y alimentara el sueño de una enorme remontada. Necesitaba tres goles, pero, para su desgracia, De Gea no estaba para que nadie dijera que no era su noche. A los 48’ volvió a frustrar otra ocasión de gol italiana para desgracia de los dos millares de seguidores italianos apostados en ese fondo (norte). David, otra vez Goliath.
“La vía de la contemporización”

La selección ralentizó su juego el resto del partido, cosa natural, por otro lado. Al hacerlo volvió a sus viejas maneras, las de no hace tanto, las que tanta gloria nos permitieron. Más con el balón que Italia, desvencijada por el marcador y hasta por la fatiga, el equipo de Lopetegui optó por la vía de la contemporización, algo que se entiende perfectamente a estas alturas de temporada y visto como andaban las cosas. No fue el segundo tiempo lo que había sido el primero, aunque sirvió para demostrar algunas cosas, entre ellas el debate sobre si Iniesta está o no está para muchos minutos. Andrés, eje del equipo con un Silva crecido tras el descanso, demostró sobradamente que sí. Hizo un partido más que notable, pilar de casi todo lo constructivo de la selección. La ovación que le acompañó al ser sustituido a los 71’ demuestra que esa creencia es general.
“Un precioso túnel a Verratti”

Pero la noche fue de Isco, capaz de arabescos inauditos como el que se inventó a los 66’, haciéndole un precioso túnel a Verratti para escapar como una ardilla y meterle un balón precioso a Carvajal, que se plantó solo ante Buffon. Esta vez, sí; esta vez, apareció el portero de leyenda, capaz, todavía, de grandes aciertos, ahora levantando milagrosamente las manos para evitar el 3-0. Una intervención que uno, romántico, al fin y al cabo, celebra porque quien tanto ha sido y todavía es no podía salir marcado del partido más importante de su “squadra” en los últimos tiempos. A los 76’, no obstante, Buffon nada pudo hacer tras la internada de Ramos, que mandó un perfecto pase de la muerte a Morata, que Álvaro no desaprovechó. Era el 3-0 de la soberbia victoria de España. La aparición de Villa a falta de solo tres minutos del final fue la culminación de una noche, sellada en éxtasis colectivo.
La selección cumplió con creces sus planes: deja a Italia a tres puntos más el del “goal average” particular cuando faltan tres partidos (Liechtenstein, Albania e Israel) por jugar. No es muy aventurado asegurar que estamos a un paso de Rusia. Ni un pelo de aventurado.

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