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España reafirma su liderazgo con una goleada (4-1) a Israel

*Silva abrió el camino hacia una cómoda victoria, sellada con tres dianas más de Vitolo, Diego Costa e Isco y que no amenazó la de Refaelov.

*La selección mandó con enorme claridad y en algunos momentos del segundo tiempo lució un juego como el de sus mejores noches.

En este fútbol de ahora, el de los sumos cuidados, hay pocos detalles sueltos, pocos cabos por atar. La extenuante exigencia de los técnicos suele convertir a los jugadores en piezas de ajedrez que siguen al milímetro las instrucciones recibidas. No es eso nada reprobable, mas al contrario y fruto de los tiempos y de las pizarras. Cuidado todo al milímetro resultan inexplicables ciertas situaciones que quiebran esa norma. Por ejemplo, la enorme endeblez de la defensa de Israel por su lado derecho. España no desaprovechó el filón.

No hay noticias de por qué el seleccionador hebreo Elisha Levy no remedió esa situación que bien cara le costó. Si se sabe que los avispados jugadores españoles se dieron pronto cuenta de ese agujero por la izquierda, que pudo tener fatales consecuencias para los israelitas antes ya de que en el minuto 15 Silva les hiciera el 29º de sus goles con la selección en su partido número 110. David, que había empezado en banda derecha, debió darse cuenta del chollo existente y decidió aparecer por allí para ver si sacaba tajada. Puede que lo hiciera unilateralmente, puede que le enviara Lopetegui, pero el caso es que sacó partido a su aparición. Jordi Alba y algunos más pudieron hacerlo antes. Y Thiago, que a los cinco minutos de partido estrelló un balón en el ecuador del larguero.

La ventaja en el marcador y la superioridad española no impidieron algunas otras acciones inesperadas, que son las que le dan animación al fútbol, que siempre decimos que es imprevisible, aunque la verdad y la estadística demuestren que eso es otra leyenda. O casi. Las protagonizaron dos jugadores hebreos, el exterior Zahavi, que por dos veces se plantó ante De Gea con opciones, acabando muy mal lo que había iniciado muy bien, y Ben Chaim que a los 27’ largó un zapatazo que se marchó fuera por poco, pero que obligó a De Gea a ponerse en serio movimiento. Tres acciones fruto de tres contragolpes que pusieron en un brete a la adelantada defensa española.

El partido, más allá de esas incidencias, siguió el guión previsto y previsible cuando un equipo menor se mide a otro claramente superior. Israel reculó cuanto pudo desde el primer instante, fiando su suerte a alguna contra, de ahí los riesgos que sufrió España, con todos sus zagueros, Carvajal, Piqué, Ramos y Alba, muy lejos de su natural centro de operaciones, tomando el medio campo. Eso condujo al comprensible apelotonamiento en terreno hebreo, todos los jugadores menos De Gea, es decir 21, y dificultades para hallar espacios por los que penetrar, salvo el de la muy castigada banda derecha de la zaga hebrea. España tocó y tocó, pero no acabó de pisar con serio peligro las zonas de gran riesgo. No se sabe aún de soluciones que permitan traspasar cuerpos.

En solo minuto y medio volvieron a darse otras dos situaciones de las que suelen cambiar el signo de los acontecimientos. A los 43’, y con el dominio de España en fase decreciente, Israel dispuso de la tercera de sus buenas oportunidades, la mejor de todas ellas. Una buena jugada por la izquierda de su ataque concluyó con un perfecto centro que cabeceó muy bien su ariete Refaelov y que salvó todavía mejor David de Gea. Fue casi el empate. Un susto mayúsculo porque uno nunca sabe qué alcance tienen estas cosas. En el movimiento siguiente, España enhebró una jugada por la derecha sin aparente peligro hasta que un movimiento de Thiago facilitó un balón interior que remató Vitolo; un balón perfectamente parable que, sin embargo, se comió el guardameta Ofir Marciano. En un santiamén, pues, del 1-1 al 2-0. Cuestión de talentos. Y de porteros.

Todo pudo quedar resuelto a los dos minutos de la segunda mitad. Silva puso el turbo y progresó como una bala por el lado derecho y en vertical. Su colada puso en guardia a tres zagueros israelíes, que le cercaron. La emboscada dejó libre a Carvajal, que se coló y recibió el balón del grancanario. Carvajal lanzó un largo y precioso centro. El balón aterrizó sobre la frente de Costa,  superado su marcador y vencido el portero. Pero Diego erró el cabezazo, a placer. Unos segundos más tarde, en el minuto 50, Costa compensó su fallo. El goleador del Chelsea cabeceó, llegando desde atrás y picando el balón, un córner botado desde el lado izquierdo. Fue más difícil este remate que el anterior, pero con los arietes ya se sabe.

“España tuvo minutos embriagadores”

Con el viento claramente de cara en el marcador, decidido el duelo, España empezó a jugar a placer ante la desarbolada Israel. Afloraron el toque, el desmarque, la velocidad y el remate. Esas virtudes que entusiasman a los aficionados  y que, naturalmente, tan gratas resultan. Silva mandó otro balón a la madera. Fueron unos minutos embriagadores, bien es cierto que frente a un adversario “groggy”. Libre Iniesta de los pegajosos marcajes de la hora anterior, el juego de la selección resurgió fluido, vivaz, imparable. Si la cosa no fue a más es porque el equipo disminuyó su presión sobre el acelerador, lo que no impidió que cuando Iniesta fue sustituido por Isco el público dedicara al de Fuentealbilla una despedida colosal. La gente sabe de esto, no nos equivoquemos. El formidable zurdazo de Refaelov, a balón despedido por un poste, a los 75’, no cambió las cosas. Solo redujo las diferencias en el marcador durante diez minutos. A los 85, Isco remató por bajo el cuarto gol español frente a un portero descolocado.

España ganó fácilmente y como se esperaba en El Molinón, donde el público tuvo un comportamiento exquisito con España, pero, también con Israel, lo que había ido a ganar, tres puntos importantes que reafirman su liderazgo en el grupo. Rusia 2018 aun queda lejos, pero ya está más cerca.

 

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